Confío, Señor, en tu
misericordia; alegra mi corazón con tu auxilio. Cantaré al Señor por el bien
que me ha hecho.
Oremos:
Concédenos, Señor, ser dóciles a las inspiraciones de tu Espíritu para que
realicemos siempre en nuestra vida tu santa voluntad
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
No tardes en volverte al Señor
Lectura del libro del
Eclesiástico
5, 1-10
No confíes en tus riquezas ni
digas:
"Con ellas todo lo tengo".
No te dejes arrastrar por tus instintos y pasiones, ni sigas tus antojos y
caprichos. No digas:
"Yo a nadie me someto", porque el Señor te pedirá cuentas. No digas:
"He pecado y nada me ha sucedido", porque el Señor es paciente para
castigar.
No confíes en el perdón de Dios para amontonar pecado tras pecado, diciendo:
"Su misericordia es grande y él perdonará todas mis culpas", porque
en él hay misericordia, pero también hay cólera, y descarga su ira sobre los
malvados.
No tardes en volverte al Señor, ni lo dejes de un día para otro, porque su
furor estalla de repente y perecerás en el día del castigo. No confíes en el
engañoso dinero, que de nada te servirá en el día de juicio.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 1
Dichoso el hombre que confía
en el Señor.
Beatus vir qui
pósuit Dominum spem suam
Dichoso aquel que no se guía
por mundanos criterios, que no anda en malos pasos ni se burla del bueno, que
ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus mandamientos.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Beatus vir qui pósuit
Dominum spem suam
Es como un árbol plantado junto
al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita. En todo tendrá éxito.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Beatus vir qui
pósuit Dominum spem suam
En cambio los malvados serán
como la paja barrida por el viento. Porque el Señor protege el camino del justo
y al malo sus caminos acaban por perderlo.
Dichoso el hombre que confía en el Señor.
Beatus vir qui
pósuit Dominum spem suam
Aleluya, aleluya.
Reciban la palabra de Dios, no como palabra humana, sino como palabra divina,
tal como es en realidad.
Accipite verbum Dei, non ut verbum hóminum,
sed, sicut est vere, verbum Dei
Aleluya.
Más te vale entrar manco en la vida
que ir con las dos manos al abismo
Gloria a ti, Señor.
Lectura del santo Evangelio según
san Marcos
9, 41-50
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Todo aquel que les dé a
beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo les aseguro que no se
quedará sin.
Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le
valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo
arrojaran al mar.
Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en
la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no
se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado córtalelo;
pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser
arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo;
pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus
dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.
Todos serán salados con fuego. La sal es cosa buena; pero si pierde su saber,
¿con qué se lo volverán a dar? Tengan sal en ustedes y tengan paz los unos a
los otros".
Palabra de Dios.
Que este sacrificio de acción de gracias
y de alabanza que vamos a ofrecerte, nos ayude, Señor, a conseguir nuestra
salvación eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La salvación por Cristo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Pues por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, lo redimiste
por tu misericordia, por Cristo Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria,
unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces cantando
humildemente tu alabanza:
[Misa]
Proclamaré Señor, todas tus
maravillas y me alegraré en ti y entonaré salmos a tu nombre, Dios altísimo.
Oremos:
Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos has dado, Señor, en este
sacramento, sean para todos nosotros una prenda segura de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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